
Un hallazgo fortuito en el sótano de una residencia estadounidense ha devuelto a la cinematografía mundial una pieza que se consideraba desaparecida. Se trata de «Gugusse y el autómata», una producción de 1897 dirigida por el ilusionista y pionero francés Georges Méliès, la cual permaneció oculta dentro de un baúl de madera durante generaciones.
El descubrimiento fue realizado por Bill McFarland, un docente jubilado de 76 años, quien heredó la colección de su bisabuelo, un proyeccionista itinerante del siglo XIX. Tras varios intentos fallidos de venta —rechazados por el riesgo de inflamabilidad del nitrato en las cintas antiguas—, McFarland entregó el material al Centro Nacional de Conservación Audiovisual de la Biblioteca del Congreso en Virginia.
Un hito de la arqueología fílmica La cinta, que apenas dura 45 segundos, muestra a Méliès interpretando a un mago en una rutina cómica con un autómata. Según Jason Evans Groth, curador de la Biblioteca del Congreso, la obra destaca por la precisión de sus planos, inusual para la tecnología de hace 129 años.
Georges Méliès, mundialmente reconocido por su obra cumbre Viaje a la Luna (1902), fue un innovador de los efectos visuales. Este hallazgo es particularmente relevante debido a que el propio cineasta destruyó gran parte de sus negativos en 1913 para ser reciclados en suministros bélicos durante la Primera Guerra Mundial.
Los archivistas han estabilizado el material bajo condiciones de frío extremo para prevenir incendios, asegurando la preservación de esta copia, que se presume es una de las primeras reproducciones piratas de la historia del cine. La película ya ha sido digitalizada y se encuentra disponible para consulta pública en el portal web de la Biblioteca del Congreso.




